Querida Fany

Disculpa si no recuerdo todos los detalles, la memoria me falla a veces con ellos. No lo hago adrede, no es que no les dé importancia; es que hay cosas que se me olvidan porque “obligo” a mi cerebro a recordar solo “lo más importante”.

Tengo aquí tu expediente, pero no voy a cotejar datos, solo voy a hablar de lo que recuerdo ahora mismo; si fallo en algo, espero sabrás perdonarme.

Te conocí por el mes de septiembre del año pasado.

Nos vimos en la sede de Activa-t Abogados, venias con toda tu documentación: Nacional de Honduras, llevabas tres años en España en situación irregular, malviviendo, esperando con paciencia el transcurso de esos tres años que te permitían acceder a una situación mejor. Esa “residencia por arraigo” que tanta gente busca y pelea. Joven, dulce, agradable, educada, aplicada. Aplicada porque tenías toda la documentación necesaria, toda. Solo te faltaba una cosa: UNA CITA.

En los últimos tiempos los abogad@s de extranjería hemos quedado en muchas ocasiones reducidos a eso: se nos reclama únicamente para conseguir una cita que la administración no sabe o no quiere gestionar con fluidez. Una maldita cita telemática que nos enfrenta (a todos) a esa temida pantalla que indica que “en la actualidad no existen citas disponibles bla bla bla”.

Llevabas meses accediendo a la web, llamando al 016… (incluso habías puesto una queja por ello) sin obtener la ansiada cita. Que tristeza estar preparado para todo, tener todo al día y no poder “formalizar” por falta de una “estúpida” cita.

Como soy como soy, no me limité a tratar contigo sobre la cita, sino que aprovechamos y revisamos toda tu documentación para ver si todo estaba en orden. Te ofrecí limitarme a gestionar tu cita o acompañarte en todo el procedimiento. Supongo que, en tu desesperación, preferiste “dejarlo todo en mis manos”. Así que te di instrucciones para mejorar la documentación de la empresa que te ofrecía un trabajo y me encargué de la cita y de preparar todo el expediente para su presentación.

Conseguí la cita, “simplemente “porque sabía a qué hora exacta de cada día se publican en la web. Y aun así no fue fácil. Supuso varios intentos estando cada día tres minutos antes de la hora exacta con todos los datos metidos, refrescando la página cada poco… y a la hora exacta iniciando la contrarreloj para meter el resto de datos “a ver si hay suerte y no me la quitan”. Era como una ruleta rusa. Y durante varios días te ponía un whatssapp diciéndote “hoy no ha podido ser”. Hasta que un día FUÉ.

Y llegó ese día, el 10 de octubre. Llegamos a la oficina de la Calle Silva dispuestos a formalizar tu solicitud de Autorización de residencia por circunstancias excepcionales por arraigo; como muchas otras personas, como muchos otros abogad@s, como muchos otros gestor@s, como muchos otros……en fin.

He de decir que en todo este proceso ayudó mucho tu empleador (él sabe quién es), quien además de pagar mis (ajustados) honorarios te proporcionó toda la documentación de la empresa que solicité, porque (según tus palabras) quería contratarte a toda costa, porque confiaba en ti y porque sabía de tus aptitudes y actitudes para su negocio de hostelería.

Gracias a que la administración “funciona como funciona”, y a pesar de que teníamos cita; estuvimos esperando como unas dos horas, sentadas, juntas.  Podíamos no haber hablado o habernos comunicado de manera fría para quejarnos de la Administración (ese diálogo tan “socorrido”), o vete tú a saber…

Y ahí fue. Empezaste a contarme cosas de tu vida. Y ahí supe de tu amor por tu niña pequeña,  que vivía con tu mamá en Honduras. Me enseñaste fotos, tan linda que es…

Que tu papá (o el papá de la niña, o ambos, no me acuerdo bien) habían fallecido y que recientemente había fallecido un hermano/a tuya…. Insisto, no recuerdo los detalles concretos. Te pido perdón otra vez.

Solo sé que estabas alegre pese a las circunstancias, esperanzada por poder obtener tu residencia y poder trabajar “de verdad” …

Vimos cómo iba pasando la gente según les llamaban… y dijiste “ ojalá nos toque con ese señor, que con esa barba parece Papa Noel” y te dije “No te fíes”.

Y fíjate, nos tocó con “Papa Noel”.

Tuvimos solo un problema: Tu certificado de antecedentes penales de Honduras estaba caducado. Como no iba a estarlo, si llevabas meses solicitando una cita….  Nos “enfrentamos” a Papa Noel y aceptó el expediente, aun con el consabido “lo van a denegar”.  Salimos de Silva mientras yo te explicaba todo lo que tenía pensado hacer para que eso no sucediera… y solo me dijiste “no lo entiendo muy bien, pero yo confío en usted”.

Y sucedió (con alegaciones de por medio, en las que tuve que volver a hacer un nuevo repaso a la ley de Procedimiento Administrativo -porque no podía ser que por no conseguir cita fuera denegada una residencia tanto tiempo esperada-): el 6 de marzo la web anunciaba que la resolución de tu permiso era FAVORABLE.

Sentí una profunda alegría, no solo por el trabajo bien hecho (que también) sino porque esa resolución cambiaba tu vida y un poco también la de tu futuro empleador. Quería contratarte inmediatamente ¿Te acuerdas?.

Ahí quedo la cosa: en si con la documentación que tenias ya podrías afiliarte o no a la seguridad social o tendrías que esperar a recibir la resolución…. Pocos días después vino este “estado de alarma” para intentar dominar a un virus letal.

Te escribí la semana pasada para saber como estabas y si finalmente conseguiste afiliarte y darte de alta o no… mientras pensaba “manda narices, darte de alta para que luego te metan en un ERTE porque cierra el restaurante. Que mala suerte” … pero segura y tranquila de que “cuando esto pase” retomarías tu puesto de trabajo….

No me contestaste. No intuí el verdadero porqué, quizá porque no quise intuirlo.

Y ayer me llamó un familiar tuyo para decirme que este virus de mierda había podido contigo. Habías tenido la peor de las suertes…

He mirado tu expediente, tenías exactamente 30 años.

(En memoria de Fany Sulema Pagoada,  D.E.P.)

Celia Martinez Ramirez

Abogada


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